MI SEGUNDO ÁNGEL
Un Ángel de Fe llamado
Vicenta
A largo de nuestra
existencia, Dios pone ángeles en nuestro camino, personas de carne y hueso, que
dejan huellas en nuestros vidas y se instalan en nuestros corazones como seres
inolvidables, son como una tinta indeleble que nunca se borra y recordamos con
cariño.
Vicenta era la mamá de
mi amiga Fanny, amiga de mi mamá, las dos eran inseparable, eran como dos
mosqueteras luchando contra el mundo, celebran siempre sus éxitos y se
acompañaban en sus fracasos dándose fuerzas y ánimo, y convertían esos fracasos
en triunfos, esas dos mujeres fueron las mejores amigas. Vicenta murió de cáncer,
pero en el tiempo que tuvo la enfermedad, siempre con una sonrisa en sus
labios, emanaba una paz tan intensa que todos los que estaban a su alrededor la
sentía, esa paz que solo da la fe en Dios a pesar de todos los pesares. Yo la
veía sufrir, la acompañamos cuando le quitaron un seno, al encontrar que tenía cáncer,
durante su tratamiento de quimioterapia, por un tiempo estuvo bien, su cáncer estuvo
en remisión por muchos años, pero cuando regreso, nunca se quejó de sus
dolencias o profirió palabras de maldición por lo que le pasaba, si lloraba lo hacía a solas, porque
era entre ella y Dios, a pesar de todo siguió dándole palabras de ánimo a todos
los que estaban a su alrededor, siempre con su hermosa sonrisa. Pero ¿Cuál era
el secreto de este ángel?, sencillamente su fe en Dios.
Esa Fe le daba fuerzas
para seguir adelante, para dar consejos sobre el valor que hay que tener por
muy difíciles que sean nuestras circunstancias. Cuando estuvo en su etapa más
grave, el cáncer apareció esta vez en sus huesos, los dolores eran intensos,
pero a pesar de eso no se quejaba, daba gracias a Dios por la vida que tuvo,
por sus días buenos y malos, siempre con palabras de aliento para todos, ella sabía que
su fuerza venía de Dios. Fue la mejor amiga de mi madre, al final y sus hijos
fueron y siguen siendo nuestros hermanos.
Una de las cosas que más recuerdo de mi ángel fue la etapa más fuerte de su enfermedad, ya no se podía parar de la cama, los dolores eran más intensos, pero ella nunca se quejó delante de las personas que venían a visitarla, al contrario seguía con esa sonrisa tan característica de ella sabía que iba a morir confiaba en que mamá cuidaría de sus dos hijos, que estarían en buenas manos, sabía que nos iba a abandonar. Cuando murió muchas personas la lloraron, familiares y amigos por igual, sintieron su pérdida de corazón porque ella les enseñó a ser valientes, a no temer a la muerte, a creer que Dios tiene un propósito y si confiamos en Él nada podrá quitarnos la paz. Eso fue lo que mi ángel me enseñó. Han pasado más de treinta años de su muerte, y aún la recuerdo, mi madre siempre la nombra como su mejor y única amiga verdadera, siempre está en contacto con los hijos de Vicenta y sus hijos la llaman abuela. Somos una familia a pesar de todo y nos apoyamos en las dificultades. Hoy tengo la certeza de que está en cielo, pero algún día nos volveremos a ver, porque los que creen en Dios aunque estén muertos vivirán.
Que aprendí de mi ángel 1. El ayudar a otros a pesar de nuestras dificultades.
2. A no temer a la muerte si creemos en Dios.
3. A amar a otros con amor filiar
4. A tener valor y fe en medio de las dificultades.
5. No importa lo que pase, todas las cosas nos ayudan a bien.
6. A dar ánimo en tiempos buenos y en tiempo de dificultades.
7. A Creer en la verdadera amistad.
8. A seguir adelante sin perder el ánimo.
9. A creer en Dios por sobre todas las cosas.



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